sábado, 27 de diciembre de 2008

Titular: "El presidente compensará a las comunidades con lengua cooficial". El Pais, 27-12-2008

Después de mirar y remirar no he podido contenerme y comentar la noticia, en boca de todos, de la financiación diferencial a aquellas comunidades autónomas con más de una lengua oficial.

Sin entrar en la complejidad de la aportación de cada comunidad al estado o de su tipología de régimen fiscal, que nos llevaría a un debate diferente pero no menos interesante (y que queda pendiente), me gustaría abordar este tema únicamente desde el punto de vista de la propia lengua. Y es que resulta paradójico que se fomente a aquellos lugares que poseen dos lenguas oficiales, pero al mismo tiempo se impida que más lenguas también puedan poseer esta condición.

Y por hacer mención clara y directa, son consideradas lenguas oficiales en España el castellano, catalán, el euskera, el gallego y el aranés (aunque ésta última pase completamente desapercibida en los medios de comunicación). Pero ¿qué pasa con aquellas lenguas que con toda la dimensión de la palabra poseen todos los elementos necesarios para ser considerados idiomas y no dialecto? El mejor ejemplo es el bable o asturiano.

La situación de esta lengua es realmente terrible y desconocida por el resto del estado. Debido a cuestiones políticas que no voy a comentar, este idioma está relegado a la categoría de dialecto cuando en nada tiene que envidiar al castellano, el catalán o el gallego. Y no señores, no se equivoquen, bable no es igual a gallego. Es un idioma diferente, con su propia gramática, ortografía y léxico moderada por la Academia de la LLingua Asturiana, única academia oficial en todo el dominio linguístico, y órgano del gobierno. El bable posee dialectos, como todo idioma que se precie y una larga historia.
  • Es la lengua originaria de lo que conocemos como Principado de Asturias. El castellano aparecería siglos después, en concreto en el x. XIV a cargo del ámbito eclesiástico y político. Poco a poco, como en el resto del territorio, esta nueva lengua se hiría haciendo fuerte por imposición hasta convertirse en una división social, en la cual las clases bajas hablaban bable y las altas, en ámbitos públicos, castellano. Aún así, continua viva y latente. (Dedicaré un post futuro a mostrar un análisis más detallado sobre el bable, su historia y su situación actual tan desconcida)
  • A pesar de estar aceptada como lengua válida para todos los documentos oficiales del Principado, de existir un plan de promoción de la misma (plan de normalización) y de estar intentando instaurarse como asignatura (actualmente es optativa), no ha conseguido tener el peso que merece para ser declarada oficial. El debate que existe en Asturias respecto a este tema es importante, pero no con la relevancia que debiera tener. Múltiples organismos y Xuntas luchan por conseguir su oficialidad, pero ninguno se da cuenta de la importancia de los medios de comunicación para conseguir esto. Se trata de un debate interno, conocido únicamente en el territorio, de manera que todos los puntos de apoyo que podrían tener en estos momentos desde otras comunidades se pierden al no hacerse público.
  • Desde aquí hago un llamamiento a todos los que aman la lengua a que denuncien públicamente la situación del bable. Hagan uso de todas las herramientas que tienen a su alcance, y háganlo público. Es el momento.

Y tras romper esta lanza en favor de algo que considero una injusticia (perdónenme el atrevimiento), vuelvo al tema original de este artículo para mostrar que las comunidades, como el Principado de Asturias, que no poseen más lengua oficial que el castellano no recibirán la misma cuantía económica que el resto. Visto de otro modo, serán penalizadas. ¿Ahora se premia el bilingüismo? Es el acto de "tiro la piedra y escondo la mano" más cobarde. ¿Por qué no se favorece, si ahora tanto importa, que cada tierra mantenga su propia cultura, identidad y lengua? No me malinterpreten, porque no estoy hablando ni de independencia ni de separatismo. Simplemente abogo por la convivencia entre la cultura y sentimiento de cada tierra, combinada con la riqueza de uno común.

No sé qué les parecerá a ustedes, pero en todo esta maraña de acusaciones entre las diversas opiniones, considero que nuestros queridos medios de comunicación juegan una vez más un papel realmente distorsionador. Me gustaría encontrar opiones enfrentadas de manera lógica y razonada sobre este tema, y no con acusaciones políticas que sinceramente, traspasan la cuestión. Aún así, por más que rebusco únicamente veo afirmaciones fatalistas en ambos lados, siempre poco contrastadas y con poca información. Solicito desde aquí un análisis profundo de la situación y de las razones de estas acciones. Y sobre todo, lógica.


Y llegaron las Navidades

y con ellas las alegrías, los abrazos, los pelillos a la mar y los "hoy voy a hacer la buena acción del día". ¿Pero cómo podemos ser tan hipócritas? Aunque humildemente, estos actos obligatorios de bondad y sonrisas también sientan bien, al menos una vez al año...

Si existe un elemento distorsionador de la situación, éste es la
televisión. Es realmente preocupante es la obsesión en estas fechas de alcanzar la felicidad familiar que se muestra en todos los anuncios y programas varios. "Vuelve a casa por Navidad", los abuelitos y los nietos regalándose caramelos, la familia reunida ante una suculenta cena... Y yo me pregunto si esos abuelos, a los que se carga a los nietos para poder irse de fin de semana, no existen durante el año. O si esa familia reunida, que luego no hace más que tirarse de los pelos, es realmente tan feliz.

Lo más fastidioso del tema es que ante estas muestras de alegría, no nos damos cuenta de lo
desgraciados que se pueden llegar a sentir personas que no cumplen los requisitos que imponen los anuncios: los que tienen a la familia lejos, a los que les falta algún miembro familiar, los que no tienen para una cena suculenta o para dar regalos a los niños. Si en general se pretende potenciar la unión y hermandad, considero que se regodea precisamente en la carencia del resto. Y es que párense ustedes un momento a pensar en qué ocurre con aquél niño que tiene a su abuelo en otra ciudad. ¿Cómo creen que se puede sentir ante tanto televisionismo familiar?

Pues yo
me planto, señores. Me niego a seguir esa imposición mediática. No creo que por unos días marcados en el calendario haya de cambiar mi comportamiento hacia los demás (que por otro lado siempre es bueno, por supuesto), o haya de sentir más cercanía con personas que no hablo durante el resto del año. Simplemente intenten ser felices y hacer felices a los demás, pero háganlo todos los días del año. Y si quieren, descansen en éstos...